Voluntariado en Madrid: el Colegio Mayor Mendel con «nuestros mayores»

2020-03-19T15:29:58+01:00

La experiencia de Luna con nuestros mayores en la residencia Loreto es un ejemplo de empatía, solidaridad y cercanía que nuestra colegiala nos ha querido mostrar.

La cercanía con aquellas personas vulnerables o la empatía con aquellas otras que lo necesitan son aspectos que hemos ido contando a lo largo de estas semanas, gracias a la colaboración de nuestros colegiales en diferentes voluntariados en Madrid. Hace poco Julia nos contaba su experiencia en el voluntariado en Madrid donde acudía al Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

En esta ocasión Luna quiere mostrarnos la experiencia gratificante en este voluntariado en el que participan muchos de nuestros colegiales del Colegio Mayor Mendel. En el caso de Luna, ha sido en la residencia de ancianos Loreto en Madrid. Según nos cuenta, ha tenido en alguna ocasión ese sentimiento de miedo hablando sobre la vejez. Probablemente por no saber siquiera si llegará a ella. “Entrar a hacer un voluntariado en una residencia ha sido algo bastante chocante” explica la estudiante. Anteriormente, había hecho cosas con niños… pero nunca con ancianos y aún menos, con ancianos con bastantes problemas de salud.

El día a día de Luna en su voluntariado en Madrid

Luna nos explica que cuando llegó al colegio mayor tenía claro que quería hacer un voluntariado. Escogió este por la simple razón que le cuadraban los horarios y que estaba a tan solo siete minutos andando. A partir de ahí, empezó a ir todos los lunes por la tarde y descubrió una salida de su zona de confort que según nos cuenta “no podría haberme generado más sonrisas”.

“Al principio ayudaba en las actividades que se preparaban para ellos en la planta 2.  A esta solo iban aquellos a los que se les consideraba que estaban bastante bien en cuanto a salud”. Además, Luna comenta que “lo cierto es que yo siempre me preguntaba cómo debían estar el resto de los ancianos… en estas actividades había una mujer con Alzheimer que siempre preguntaba cuándo vendría su hijo, otra mujer que en un mes perdió toda razón y ni siquiera podía hablar, solo gritaba de dolor (cuando no estaba dormida)”.

Para nuestra colegiala, “se hacía un poco difícil ir, a veces. Aunque no todo son historias tristes. Había una señora que el primer día que llegué nos dijo que la llevásemos de fiesta a algún sitio por la noche, que se aburría de estar allí y solo dar paseos”.

Momentos de diversión y entretenimiento en el voluntariado

Luna nos cuenta que su día favorito fue aquel en el que estuvieron pintando estrellas para decorar la residencia en Navidad. “Había que ayudarlas porque no veían bien si quiera los huecos que dejaban sin rellenar, pero el esfuerzo y el cariño que ponían en ello, a pesar de ser algo tan complicado para ellas, era admirable”.

Otro de los momentos que nos describe la colegiala fue cuando pasó a encargarse del bingo de los lunes por la tarde. “Aún no llevo muchos días allí, pero me divierto muchísimo y me río con todas las bromas que hacen”, comenta. Además, destaca: “Hay que gritar muy alto porque no se enteran, y guiarles dónde deben poner las fichas porque, a veces, ya no recuerdan ni los números. Aunque, sientes tanto orgullo cuando ves que, por ellas mismas, se han dado cuenta de un número y lo tachan solas” nos cuenta nuestra protagonista.

Enseñanzas en la residencia: Ilusión, paciencia y empatía

Sin duda este voluntariado, explica Luna, “me está enseñando mucho sobre paciencia, característica que me hace falta en muchas ocasiones. Pero, sobre todo, y yo creo que es incluso más importante, a valorar a la gente que tienes cerca. Es lógico que suene tópico, pero es realmente la principal enseñanza que te brinda esta experiencia”. Afirma que realizar este voluntariado en la residencia le hace sentirse bien consigo misma y valorar a las personas cercanas. Además, “te das cuenta de que nadie está para siempre, que es algo obvio pero que nunca pensamos. Entiendes que el tiempo es algo tan valioso que no puedes derrocharlo”.

En su día a día habla de cómo los propios ancianos valoran incluso más “mi tiempo que yo misma, porque agradecen que vaya”. Con gestos de ternura, nuestra colegial comenta que “se les nota la alegría cuando ven a una chica joven aparecer por allí, que va simplemente a echar un rato con ellos y a ayudar. De hecho, les hace mucha ilusión que yo cante en el bingo, según ellos, les doy suerte”.

Voluntariados en Madrid en el Colegio Mayor Mendel

No hay mejor forma de llegar a las personas que lo necesitan que mostrándoles esa cercanía que tanto añoran, escucharlos y mostrarles una dulce sonrisa. Desde el Colegio Mayor Mendel queremos mostrar a nuestros colegiales que en ocasiones un simple acto solidario puede llegar a reconfortar más que hacer otras actividades comunes de los jóvenes de ahora. La participación en voluntariados en Madrid a través de distintas actividades es una de las prioridades para conseguir que nuestros colegiales sean mejores personas el día de mañana.